El estrés es una reacción física y emocional del cuerpo ante situaciones que percibimos como difíciles de manejar. Como consecuencia, nuestro organismo libera ciertas hormonas que hacen que nos preparemos para una respuesta de lucha o huida.
No tenemos por qué asociar siempre el estrés a un proceso dañino o perjudicial. En algunas situaciones, nos facilita el desempeño de determinadas acciones. Por ejemplo, enfrentarnos a un examen, competir en un deporte o empezar un nuevo proyecto laboral. En estos casos, el estrés nos ayuda a conseguir un objetivo.
Sin embargo, consideramos el estrés negativo cuando se mantiene durante un periodo prolongado o cuando el acontecimiento que lo desencadena no supone un peligro real y nuestra reacción es exagerada. En estas situaciones, puede provocar un desgaste indebido en el cuerpo, hacernos más vulnerables a la enfermedad e incluso favorecer el envejecimiento prematuro.
Es importante aprender a reconocer los primeros síntomas que aparecen cuando estamos expuestos a un nivel elevado de estrés. Estas manifestaciones pueden ser de distintos tipos:
- Físicas: molestias digestivas, cansancio, suspiros y bostezos frecuentes, dolores de cabeza, insomnio, hiperventilación, taquicardias, etc.
- Mentales: memoria deficiente, pérdida de atención y concentración, mente alborotada, actitud negativa, etc.
- Emocionales: poco disfrute, cambios de humor, irritabilidad, frustración, melancolía, etc.
- Relacionales: evitar estar con gente, discusiones, desconfianza, etc.
Una vez detectados estos síntomas, podemos poner en práctica distintas estrategias para evitar que el estrés derive en un trastorno de ansiedad. Entre las herramientas que nos ayudan a gestionarlo adecuadamente, destacan:
- Practicar técnicas de relajación.
- Tener una dieta equilibrada y realizar ejercicio físico de forma regular.
- Mantener una rutina de sueño adecuada.
- Disfrutar de tiempo de ocio, realizando actividades lúdicas que actúen como descompresoras de la tensión diaria.
- Mantener un buen sentido del humor y reír, ya que ayuda a liberar endorfinas que mejoran el estado de ánimo. Una excelente vacuna antiestrés.
- Desarrollar un adecuado apoyo emocional, ya sea a través de la familia, amigos o compañeros de trabajo.
En conclusión, dependiendo del manejo que hagamos del estrés, este puede convertirse en un aliado que facilite nuestra vida o, por el contrario, en un enemigo silencioso para nuestra salud mental.
